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miércoles, 16 de abril de 2014

Creatividad

Dicen que la creatividad es el gen del genio, del talento y el que determina que haya Einsteins, Edisons, Leonardos o Steves Jobs, y que todos los niños nacen con él.

Es entonces cuando surge la interrogante: ¿Por qué despuntan tan pocos genios creativos cuando son adultos?

Sir Ken Robinson, uno de los mayores expertos internacionales en el desarrollo de la creatividad y la innovación tiene muy claro por qué dejamos de ser creativos al crecer: “Los niños arriesgan, improvisan, no tienen miedo a equivocarse; y no es que equivocarse sea igual a creatividad, pero sí está claro que no puedes innovar si no estás dispuesto a equivocarte, y los adultos penalizamos el error, lo estigmatizamos en la escuela y en la educación, y así es como los niños se alejan de sus capacidades creativas”. 

No es el único que lo cree. Cada día son más las voces que advierten que el sistema educativo, la escuela, mata la creatividad.

Entre ellas, Petra M. Pérez remarca que la creatividad es una destreza adquirible, que puede aprenderse y enseñarse, si bien requiere más tiempo y dedicación para esperar hasta que los niños dan con las soluciones correctas, así como apostar por la flexibilidad, la originalidad, la imaginación, el dejar experimentar, la receptividad a nuevas ideas, el fomentar la confianza.

En ello ahonda Fernando Alberca, profesor, formador de maestros y autor, entre otros libros, de Todos los niños pueden ser Einstein (Toro mítico).

 El profesor no está preparado para ser sorprendido y, habitualmente, no le gusta ser sorprendido; el profesor quiere que las respuestas en los ejercicios y en los exámenes se ajusten a lo que dice el libro o él ha explicado, y eso limita el potencial de los niños, los hace menos inteligentes porque utilizan poco la imaginación, no se les deja ser creativos.

Petra M. Pérez recuerda que el éxito escolar significa sacar buenas notas. “Luego, en el ámbito profesional, se pide gente creativa, innovadora, emprendedora, que piense, que tenga ideas originales, que busque soluciones propias; y los alumnos de buenas notas no saben hacerlo porque, en la escuela, que es donde ellos eran buenos, les daban la solución que seguir y lo que primaba era hacer las cosas cómo les decían, de una única manera, sin pensar diferente”.

Sir Ken Robinson proporciona otro ejemplo. El de una niña de seis años trabajando en la clase de dibujo a la que su maestra pregunta: “¿Qué estás dibujando?”, y contesta: “A Dios”; la maestra le advierte: “¡Pero si nadie sabe cómo es!” y la niña responde: “Lo sabrán en unos minutos”.

La cuestión, apunta Alberca, no es que en clase cada alumno conteste lo que le parece, sino que el profesor tenga en cuenta el factor humano, que hay niños que utilizan una lógica distinta, la de la imaginación, y pregunte el porqué cuando vea una respuesta anodina, además de adaptar sus explicaciones y su lenguaje para facilitar su comprensión.

Petra M. Pérez señala que “el ser humano necesita la creatividad para llegar a la solución de los problemas; decimos que el emprendimiento es el futuro, pero en el sistema educativo actual lo anulamos porque cuando un niño contesta algo distinto a lo esperado los maestros le corrigen, y así van cercenando su capacidad de ser creativos e innovadores”.

Ahora la reflexión: ¿Qué hacemos nosotros los docentes, por favorecer la creatividad con nuestros alumnos?

Me gustaría que las personas que leyeron el artículo sin importar que sean docente o no, compartan sus ideas, pensamientos a cerca de lo expresado aquí y nos digan cuál es su opinión respecto a la CRETIVIDAD.

                                                           
                                                         
Muchas gracias por su atención y participación…